La sociedad del MIO. Vendedores ambulantes en el transporte público.

La sociedad del MIO. Vendedores ambulantes en el transporte público.

El Masivo Integrado de Occidente (MIO) es el sistema integrado de transporte masivo de la ciudad de Cali, en Colombia. Inaugurado el 15 de noviembre de 2008, ha sido controversial desde antes de su puesta en marcha. Lo que empezó como un proyecto de Metro, que solucionaría los problemas de movilidad, terminó convirtiéndose en un sistema de transporte caótico, insuficiente y caro para la ciudad. Su construcción inició en 2004. Generó traumatismos en varias vías; cierre de locales comerciales, trancones y salida de circulación de casi todas las rutas de buses que antes funcionaban. Ocho años después del inicio de sus operaciones, siguen las quejas por incumplimientos en el servicio. El MIO se ha convertido en una pesadilla; los tramos son largos y demorados, hay hacinamiento, descontrol y falta de cobertura. En esta sociedad del MIO conviven diariamente conductores, vigilantes, usuarios y vendedores ambulantes que han aumentado exponencialmente. Decepciones, empujones, quejas, sorpresas cuando las rutas son rápidas, ventas ambulantes… ¿Cómo se vive un trayecto en el MIO?

Ventas y exposiciones artísticas en el transporte público

Hoy viajo en la ruta T31 desde el sur hasta el oriente de la ciudad. Es viernes y son más de la una de la tarde. Planeaba abordar una ruta “expresa” pero desistí después de esperar más de media hora su llegada. “Voy a llegar otra vez tarde”. El tablero volvió a engañarme anunciando dos minutos de espera para la dichosa ruta. Dentro del bus lucho por un lugar y decido ir al “acordeón” del medio para tener más espacio. No paro de repetirme que detesto utilizar este transporte y de repente escucho una voz que saluda y alguien comienza a cantar. Se trata de una chica con acento argentino. No es la única extranjera que he visto haciendo espectáculos en el masivo. Venezolanos, ecuatorianos, chilenos y uruguayos se suben a trabajar dentro del sistema. “Ella canta bien”, me digo a mi misma. No le doy monedas pero observo a varias personas que si lo hacen.

Después de un “silencio” de un par de minutos. Silencio entre comillas porque no falta quien habla por teléfono, conversa sobre sus problemas con el de al lado o quien pone música desde el celular y sin usar audífonos. Siempre hay ruido. Digamos entonces después del silencio disimulado, oigo una voz que pide ayuda para unos medicamentos. Creo que varias veces he visto a esta señora y todavía sigue con el mismo cuento.

A la señora de los medicamentos le siguieron varios músicos, vendedores de gomitas “que tienen un costo y un valor…”, vendedores de lapiceros, galletas, llaveros y un cantante de vallenatos desafinado. Cuando llegué al lugar donde debía hacer el cambio de ruta, había hecho algunas compras: un llavero y unas galletas sin gluten, que vende una pareja de ingenieros de alimentos de la Universidad del Valle. Mientras esperaba la siguiente ruta en una de las estaciones, pude hablar con algunos vendedores.

“Vendedores, artistas, en el transporte público se ve de todo”

En un trayecto de menos de media hora me topé con ocho vendedores ambulantes. Hay de todo tipo. Y bueno hay que admitir que detrás de cada uno hay una historia. Y aunque a veces uno no está de humor para saludar, comprar y escuchar todas esas historias, hoy quiero hablar con algunos de ellos.

Mauricio Rojas es artista. Es estudiante de Diseño industrial en la Universidad Antonio Nariño en Bogotá. Caleño de nacimiento. Hace algunos años empezó a vender en el transporte público. Volvió a Cali y desde hace unos días trabaja haciendo espectáculos en el MIO. En Bogotá perdió su empleo y decidió vender gomitas en el transmilenio:

“Cuando me fui de Cali jamás pensé trabajar vendiendo en los buses. Un día me robaron y me tocó buscar la plata como pudiera. El primer día me quedé tres horas pensando cómo empezar a vender. Ofrecía gomitas, pero no me gustaba mucho. Entonces recordé que había un grupo que se llama Artefacto que tenía un show con una canción de pimpinela. Me gustaba lo que hacían. Decidí hacerlo yo también.”

 

El número de Mauricio es la interpretación de una canción de Pimpinela con la ayuda de una muñeca que él mismo hizo. Como estudiante de Diseño Industrial ha desarrollado algunas habilidades. Durante su espectáculo vi a muchos reírse. Recibió varias monedas y se fue contento a esperar otro bus.

En otra estación encontré a Jonathan Andrés Salcedo. Acababa de llegar del ejército, en el Caquetá, porque una hernia no le permitió terminar con éxito el servicio militar. Me dijo que subirse a vender galletas fue en lo primero que pensó cuando volvió a Cali. En 2014, antes de irse al batallón, lo había hecho para ganarse la vida. Lo vi un poco timido, me explicó que le daba miedo que lo detuviera la policía.

El nuevo código de policía y los vendedores en el transporte público

Más tarde, perseguí sin éxito a una cantante de rap. Sin embargo, logré hablar con un rapero que me contó algunas cosas. Aunque ocultó su nombre, me dijo que hace varios meses trabaja como rapero en el MIO. Comenzó porque un amigo lo animó y piensa que es una buena manera de ganarse la vida. Las letras las compone él mismo y afirma tener mucho talento:

“En el transporte público, hay gente que lo mira mal a uno pero diario me hago más de 30.000 pesos”

Es que mucha gente no está muy contenta con esta forma masiva de hacer ventas en el MIO. Un vendedor detrás de otro cuando hay hacinamiento, hace calor, las rutas son demoradas, etc. Comentarios en redes sociales demuestran que es un tema que afecta la cotidianidad de los  los caleños:

Al rapero talentoso le preocupa el nuevo Código de Policía pues ha escuchado que le pueden poner multas de mucho dinero. Por eso cuando está en las estaciones y en los buses, pone mucho cuidado. Aunque aún no lo ha detenido ningún policía.

Con respecto al nuevo Código de Policía, este artista tiene razón. Desde el pasado 30 de enero entró en vigencia y pretende, entre otras cosas, frenar las ventas ambulantes en espacios públicos. Hace un tiempo leí sobre una demanda en contra del artículo 140 de la ley 1801 de 2016 que es el que permitió la expedición del Nuevo Código Nacional de Policía y Convivencia. Algunos aseguran que las nuevas leyes violan la integridad de los vendedores ambulantes.

Al final del trayecto, en la estación Andrés Sanín, no vi vendedores ambulantes. Quizá porque habían muchos policías. Por el contrario, cuando regresaba a casa se subieron algunos ofreciendo dulces y haciendo espectáculos. Algunos “vendiendo tristeza” como dice Mauricio el del show de Pimpinela. Pensé en que al otro día no tenía que subirme al transporte público. Por suerte para algunos recorridos utilizo mi bicicleta como muchos caleños y caleñas lo han empezado a hacer.

Esta variedad de «expresiones culturales, comerciales y artísticas» y heterogeneidad de sus vendedores no es ajena a la situación que enfrenta el país. Las ventas ambulantes son un síntoma de la informalidad laborar que es tan común en Colombia. Hay algunos que ven el MIO como una oportunidad para ganar unos pesos de más. Para otros es su única fuente de ingresos. Los casos son diversos, los artistas y vendedores también; profesionales, estudiantes, extranjeros, no estudiados. Esta hibridación comercial y cultural es lo que caracteriza esta sociedad del MIO con sus vendedores, sus usuarios, sus demoras, sus atropellos, su caos.

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