La memoria

Olvido y recuerdo: la memoria en tiempos de amnesia colectiva

Somos nuestra memoria. Estamos hechos de un montón de trozos interconectados de información. Fragmentos de memoria que vamos almacenando a cada instante. También olvidando. La memoria es un diario que escribimos durante nuestra vida. Una mochila biográfica, tejida finamente por cada recuerdo que nos permite enfrentarnos a la “realidad” sensible. La memoria no es un simple almacén de eventos pasados. Ni una biblioteca organizada con todas las experiencias vividas. La memoria es una función que se activa a través de estímulos y afectos. Gracias a ella aprendemos y nos desenvolvemos en el entorno que conocemos. El olvido y el recuerdo hacen parte de este proceso. ¿Cómo funciona la memoria? ¿Qué la hace tan sorprendente? ¿Las nuevas tecnologías nos hacen perder la memoria?

La memoria: codificación, almacenamiento y recuperación

Sin la memoria, el ser humano no podría adaptarse a nuevas situaciones y a nueva información. Para que esta funcione ocurren tres procesos esenciales. Cuando recibimos la información, el cerebro debe codificarla, es decir, debe transformar los datos en algo significativo, asociándolos con un recuerdo existente o con un estímulo sensorial que active algún recuerdo. Es allí donde el cerebro puede almacenar la información para luego recuperarla o utilizarla cuando lo requiera. La información registrada se efectúa a través de conexiones en las neuronas. Millones de neuronas se abrazan a través de conexiones eléctricas que guardan nuestra visión y percepción del mundo.

La memoria es selectiva. No almacenamos todos los estímulos que recibimos. Solo guardamos lo que nos servirá o aquello a lo que prestamos atención.

Según el modelo estructural de la memoria propuesto por Atkinson y Shiffrin en 1968, la memoria está compuesta por tres tipos de almacenaje: memoria sensorial, memoria de corto plazo y memoria de largo plazo.

  1. Memoria sensorial: En la memoria sensorial, la información que nos llega a través de los sentidos tiene una duración breve, entre medio segundo y dos segundos. Aquí los datos son desechados y solo seguirán su camino aquellos que viajen hasta el siguiente almacén.
  1. Memoria a corto plazo o memoria inmediata: Cuando prestamos atención deliberada a la memoria sensorial, estos datos viajan al almacén de la memoria a corto plazo. Se trata también de un almacenamiento temporal pero un poco más prolongado; entre 30 a 45 segundos. Si queremos guardar está información por más tiempo, debemos hacer repeticiones y entonces esta se desplazará al almacén de la memoria a largo plazo.
  1. Memoria a largo plazo: Este almacén de memoria es el más complejo. Aquí está contenida nuestra memoria como individuos. Aquella a la que recurrimos constantemente para narrar episodios de nuestra vida, para corroborar lo aprendido, para responder a estímulos. Algunos datos yacen en ella indefinidamente. Este sistema se actualiza y se revisa constantemente para hacerse cargo de la nueva información, y en ocasiones, desechar aquella que ya no es importante o necesaria.

Según el modelo de Atkinson y Shiffrin la memoria humana tiene un sistema coherente que se ajusta a las situaciones y necesidades. Se actualiza. Guarda información que necesita y desecha aquella que no es útil. Memoria selectiva. Capacidad de organizar recuerdos y procesarlos para responder a nuevos estímulos. Maravilloso. Pero ¿y si la memoria falla?

Problemas de memoria

Cuando a Macondo llegó La peste del insomnio, la gente empezó a perder la memoria. Aureliano Buendía fue el primero en darse cuenta. Quiso nombrar un objeto del laboratorio y no recordó su nombre.

Entonces “(…) concibió la fórmula que había de defenderlos de las evasiones de la memoria”[1].

Poniendo una etiqueta a cada cosa y especificando su naturaleza y uso, impidió que el olvido se apoderara completamente de Macondo.

Lo que hizo Aureliano fue diseñar un sistema. Una ayuda didáctica que sirvió momentáneamente como auxiliar para los almacenes de la memoria que no funcionaban bien. La gente no guardaba nuevos recuerdos y los viejos se iban desvaneciendo poco a poco.

Existen algunas enfermedades que son causantes de deterioros en la memoria. El Alzheimer es una de las más comunes por estos tiempos. El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa. Las neuronas van muriendo y así se van atrofiando diferentes zonas del cerebro. El primer síntoma es la incapacidad de producir nuevos recuerdos.

En la película Memento de Christopher Nolan, Leonard padece de Amnesia anterógrada. No puede producir nuevos recuerdos, pero aquellos que guardó antes de sufrir el trauma cerebral, continúan en su memoria. Su discapacidad lo obliga a diseñar un sistema, al igual que Aureliano durante La peste del insomnio. Tatuando su cuerpo y luego utilizando fotos con notas explicativas, el protagonista de Memento intenta seguir con su vida y cobrar venganza por la muerte de su esposa. Lo curioso es que a través del montaje fragmentado que nos muestra Nolan, vamos descubriendo que Leonard parece ir inventando su “realidad”: Su enfermedad trastorna su “realidad” y la de aquellos están a su alrededor.

A través de la historia de Leonard podríamos plantearnos muchas preguntas existencialistas. ¿Lo que percibimos es real? ¿Es verdad lo que recordamos? ¿Qué es la realidad? ¿Somos víctimas de nuestra memoria?

Y habrían muchas más preguntas…

La memoria y las nuevas tecnologías

En la era las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), nuestro cerebro se expone cada vez a una mayor cantidad de información. Imágenes, sonidos, texto, etc., y todo cada vez más rápido e instantáneo. Los aparatos electrónicos nos ayudan a hacer las cosas con mayor velocidad. Sin embargo, podríamos preguntarnos si esto no atrofia los procesos de la memoria. Por ejemplo, antaño la gente hacia operaciones matemáticas en la mente sin ayuda de las calculadoras. Ahora cuando intentamos hacer operaciones sin calculadora, encontramos dificultades.

En Fredo , Platón relata la historia del rey Thamus, a quien el dios egipcio Theuth regaló la escritura. Aunque el dios egipcio consideraba que la escritura sería una herramienta para preservar la memoria, el rey pensaba lo contrario. Con la escritura habría menos razones para ejercitar la memoria quien necesita entrenamiento permanente.

Platón nos invita a reflexionar sobre la atención que se debe prestar a la memoria. Actualmente vivimos en una preocupación constante por almacenar información. No precisamente en nuestro cerebro. Somos prolíferos en las imágenes, los sonidos, las palabras. Queremos captar todos los momentos con la ayuda de aparatos electrónicos con capacidad de salvar datos. ¿Y en esa constante tarea por guardar recuerdos, disfrutamos de las experiencias? ¿Asistimos plenamente a ellas?

Hace poco vi un capítulo de la serie de Netfilx, Black Mirror, que me hizo reflexionar. En el episodio denominado “Toda tu historia” se muestra un futuro próximo (quizá muy próximo) en donde los humanos llevan un implante en sus cabezas.  Este implante permite registrar sin parar todo lo que el individuo hace y observa. Todos los recuerdos, convertidos en películas de acceso público, revelan los detalles de las experiencias vividas y sin ocultar pormenores. Con actitudes voyeristas esta sociedad, no muy lejana a la nuestra, invade la privacidad de las personas e impide al individuo hacer la gestión de su propia memoria. Lo mutila de sus capacidades para narrar sus recuerdos, interpretar su realidad y definir su personalidad antes los otros.

En este episodio de la serie, los recuerdos se convierten en pruebas que podrían ser llevadas a tribunales de juicio y cada acto queda grabado para siempre sin la posibilidad de ser borrado y así tener la chance de corregir los errores. ¿Esa es realmente la función de la memoria? No. En la memoria están implícitos el olvido y el recuerdo. El olvido nos ayuda a curar las heridas, los recuerdos nos ayudan a saber lo que somos .La memoria se renueva y nos permite aprender y desaprender. ¿Cómo hacerlo?

¿Cómo entrenar la memoria?

Si queremos potenciar nuestra memoria y evitar algunos problemas que la pueden afectar, hay que entrenarla. ¿Cómo? Existen ejercicios o rutinas que ayudan a la concentración. Por ejemplo, diseñar un sistema como lo hizo Aureliano Buendía durante La peste del Insomnio. La organización y la repetición, son algunas técnicas importantes. En el siguiente video se presentan cinco técnicas para entrenar y mejorar la memoria.

El ejercicio físico, la meditación, la danza, entre otras actividades físicas y mentales, ayudan a mejorar la memoria. La danza es una de las prácticas más completas. Con el baile se trabaja la coordinación, la relación con el espacio, la memorización y sobre todo la conciencia de pertenecer a un mundo compartido.

Si los recuerdos pueden ser enajenados y vivimos en una época de amnesia colectiva, siempre es posible encontrar maneras de hacer frente a esas “realidades” y no perderse en el olvido. En una época de tendencias e información viral, la memoria se puede convertir en un arma definitiva.

Y tú ¿tienes buena memoria?

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[1] Fragmento de la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

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